![]() |
Don Juan, imagen tomada de |
El mito literario de Don
Juan nace en el siglo XVII con un carácter esencialmente teatral: el primer
texto donde se encuentra es El burlador
de Sevilla de Tirso de Molina (1630); desde entonces hasta hoy, han sido
innumerables las versiones y recreaciones que han aparecido en torno a esta
figura tan fascinante. Quizás don Juan, junto a Fausto, sean los mitos más
versátiles que se encuentran en la historia de la literatura, a diferencia de
don Quijote y Hamlet, que parecen escritos de una vez para siempre.
Don Juan, mito eterno, ha
venido a convertirse en símbolo viviente de la seducción amorosa masculina, de
la agresividad sexual, del conquistador irresistible, del hombre audaz y
disoluto que convierte el placer en fin de todas sus acciones. De aquí su condición
de "burlador", es decir, de hombre que busca a la mujer para la
satisfacción egoísta de su goce y escapa a todo vínculo permanente. El Tenorio
es un "caballero" apuesto y cortesano, que encubre sus perfidias con
refinada elegancia aristocrática, sabe envolver su persona de cuanto pueda
hacerla atractiva y rinde religioso culto al honor, siempre que se trate del
propio, porque pisotear el ajeno es una de sus glorias.
El personaje de don Juan no
tiene realidad histórica, aunque se haya inspirado en seres con existencia real
(a diferencia de Giovanni Casanova, el veneciano que escribió sus memorias
describiendo hazañas eróticas de todo tipo), y en él convergen dos motivos
temáticos populares de origen incierto: el del burlador de mujeres y el del
convidado de piedra. Entre sus características esenciales podemos destacar:
a)
Extraordinaria
capacidad de seducción: con él nace una nueva concepción del amor y se dan por
concluidas las teorías de Platón y de la poesía trovadoresca.
b)
Carácter
exaltado: nunca pasa desapercibido y presume continuamente de su valor,
intrepidez, conquistas, hombría, etc. Dista mucho de representar el arquetipo
del héroe clásico: no ejecuta ninguna hazaña guerrera, es mentiroso por
naturaleza, nunca recurre a la fuerza y antepone siempre la mujer a la espada.
c)
Movilidad,
vivacidad y acción trepidante: don Juan está cambiando continuamente porque va
en busca de un ideal femenino que nunca encuentra.
d)
Virilidad.
Don Juan-mito ha sufrido con
el tiempo muchas y variadas interpretaciones y cada época lo ha ido adaptando a
su manera. Su presencia se ha dejado sentir en la música, donde grandes
compositores como Gluck y Strauss le rindieron culto con sus obras, sin olvidar
el caso más famoso: la ópera Don Giovanni
de Mozart, y en el cine. Muchos escritores se dedicaron también a él, entre los
que se cuentan genios de la talla de Corneille, Molière y Rostand en la lengua
francesa, o lord Byron y Bernard Shaw en la inglesa. En España, desde aquella
primera obra de Tirso hasta nuestros días, seguimos su rastro en los escenarios
dieciochescos de la mano de Antonio de Zamora (No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, 1744) y
asistimos a su renovación en el XIX por voluntad de José Zorrilla. A lo largo
del siglo XX han sido muy numerosas las versiones, adaptaciones e
interpretaciones del mito en distintos ámbitos:
-
En el
teatro: encontramos versiones en los años
veinte con autores como Marquina, Valle-Inclán, J.Grau, los hermanos Machado y
Federico Oliver; en los cuarenta con Luca de Tena, en los cincuenta con
Salvador de Madariaga y muy recientemente en La sombra del Tenorio de Alonso de Santos.
-
En el
ensayo: lo han tratado, entre otros,
Marañón, Maeztu y José Bergamín.
-
En la
narrativa: Blanca de los Ríos, J.
Octavio Picón, Azorín y Torrente Ballester.
-
En el
cine: el número de versiones sobre el
don Juan supera las cincuenta en el mundo, de las que catorce, aproximadamente,
son de habla hispana. La mayoría de los filmes españoles tienen como modelo el
don Juan Tenorio de Zorrilla. Algunos de los títulos más representativos son el
realizado en 1950 por Sáenz de Heredia y el de 1991 de Gonzalo Suárez (Don Juan en los infiernos), versión
muy libre del Don Juan de Molière.
Llegado este punto, cabe
preguntarse si el mito de Don Juan sigue vivo en la actualidad, cuestión que ha
suscitado opiniones encontradas entre los estudiosos. Como simple botón de
muestra, basta con reflejar aquí dos posturas contrapuestas:
Jesús Ferrero, en su
artículo "¿Ha muerto don Juan?"
afirma que no sólo no es así sino que nos encontramos en una época en la que
"… ese mecanismo de la seducción
fulminante más se está disparando, hasta diseminarse completamente por toda la
sociedad…" Por el contrario, Francisco Nieva, después de aportar una
serie de argumentos histórico-religiosos y culturales que concurren en la
estructura del mito (religión judeocristiana y cultura barroca), termina su
exposición con estas palabras:
"A través de numerosas publicaciones sobre el mito de don Juan
vemos un empeño un tanto desgarrador en hacer que se prolongue su actividad
sobre el inconsciente colectivo contemporáneo, cuando lo que en realidad sucede
es que se presiente de un modo confuso que don Juan se vacía como mito y se
decanta como símbolo o signo".