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sábado, 4 de octubre de 2014

El Santo Grial


La búsqueda del Santo Grial es uno de los episodios más conocidos de las leyendas vinculadas al Rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda. Pero, ¿qué es realmente el Santo Grial? ¿Cuál es su origen? ¿Quiénes son sus protagonistas? ¿En qué consiste realmente esta búsqueda?

¿QUÉ ES EL GRIAL?

Tradicionalmente, se entiende como tal una copa en la que Jesús, en la última cena, instauró la Eucaristía y José de Arimatea recogió su sangre después de la crucifixión.

Este es sólo el más conocido de los muchos conceptos del grial que existen, el que más trascendencia ha tenido por el proceso de cristianización que sufrió, pero hay muchos más.  Todos ellos tienen en común el hecho de que es un objeto que nunca aparece solo, sino vinculado a otros: la lanza sangrante, la bandeja de plata o la espada rota cuyos fragmentos debe unir el héroe sólo con sus manos (una de las pruebas iniciáticas).
Por el hecho de ser un objeto mágico, deseado y poderoso, también podemos asociarlo, por ejemplo:

-         Con el cuerno de la abundancia, que tiene el poder de dar a quien lo posea todo cuanto desee.
-         Con el cuenco sagrado que se empleaba en los ritos iniciáticos de Eleusis.
-         Con los calderos mágicos céticos: de la abundancia, de vida y resurrección y los sacrificiales o rituales.
-      Con el vaso alquímico en el que se operan las maravillas y que contiene el secreto de las metamorfosis, que encierra el elixir de la vida.
-         Con la piedra filosofal, capaz de convertir los metales en oro.

FUENTES LITERARIAS DE LA LEYENDA

A pesar de que, al parecer, ya había antecedentes en la tradición oral celta, la creación del grial se debe a Chrétien de Troyes, en su novela inacabada Perceval, o el cuento del grial. En este primer relato, sólo se habla de un grial, no del Santo Grial, dándosele mayor importancia a su contenido que al objeto en sí.


Será Robert de Boron, en su Joseph d'Arimathie y Estoire del San Graal el encargado de cristianizar el tema. Él es quien lo convierte en la copa de la última cena y en el objeto en el que José de Arimatea recogió la sangre de Cristo durante su crucifixión. Según esto, José y un grupo de familiares y fieles llevó el grial primero a Francia y después a Inglaterra, donde permaneció oculto y donde establece una dinastía de guardianes que se encargarán de protegerlo y mantenerlo escondido, el último de los cuales es El Rey Pescador o Rey Tullido. Varios siglos después, Arturo ordenará a sus caballeros que lo busquen, como único remedio posible para los males que aquejan el reino.


A partir de ahí, la leyenda del grial se bifurca en dos: una centrada en esta búsqueda que emprenden los Caballeros de la Mesa Redonda, y otra que se centra en el destino de este cáliz desde los tiempos de José de Arimatea. Nos centramos en la primera, tomando también como fuentes algunas obras posteriores importantes: El Parzival de Wolfram von Eschenbach, La Vulgata artúrica y La muerte de Arturo, de Malory.

LOS BUSCADORES DEL GRIAL

El personaje más representativo es Perceval, un muchacho ignorante que acaba siendo caballero artúrico y llega hasta el castillo de El Rey Pescador, donde verá el Grial pero fracasará en su misión de conseguirlo.

El segundo implicado en la búsqueda es Gawain, el sobrino de Arturo, que representa la naturaleza humana, con sus debilidades y servidumbres, y por ello no podrá tampoco alcanzarlo.

El tercero de los personajes es Galahad, hijo de Lancelot, el héroe perfecto y virtuoso, el elegido por Dios para acceder a los misterios del Grial porque en él se conjugan la santidad y la caballería.

LA "QUESTE" DEL GRIAL

La búsqueda del Grial no consiste en conseguir este objeto (que sólo puede hallar el elegido de Dios), sino en una búsqueda interior que acabará con la transmutación del héroe, simbolizada por el encuentro del grial y el planteamiento de “la pregunta”.

La queste comienza con la crisis del héroe cuando la Doncella Horrible lo reprende públicamente por no haber hecho “la pregunta” y le comunica los grandes males que ello acarreará. Comienza entonces esa búsqueda, que durará cinco años y conducirá al caballero a la desesperación, en un proceso de iniciación, formación y desarrollo moral, duro y penoso. El héroe deberá conocer, durante este camino de aprendizaje, el lado más oscuro y cruel de la vida y de sí mismo.

Una vez superadas una serie de pruebas iniciáticas, el héroe entenderá el sufrimiento del mundo y comprenderá, que el camino hacia el “exterior” sólo se halla en su “interior”.

Para saber más:


martes, 26 de marzo de 2013

Los monstruos en la cultura occidental: de Grecia al cristianismo


La lucha contra lo monstruoso es un tema recurrente en los cuentos y leyendas tradicionales, puesto que, como hemos visto, forma parte de una de las grandes preocupaciones del ser humano: erradicar el mal. Es por eso que para encontrar sus orígenes hay que remontarse a la mitología, donde nos presentan a los monstruos como un producto de la ira de los dioses, o como hijos bastardos de las deidades, recogiéndose más tarde también en los bestiarios medievales. A la casta monstruosa se adscriben vampiros, elfos, enanos, duendes, brujas… seres errantes y malditos, condenados a pagar su delito, su diferencia.

Estos monstruos se pueden dividir en varios tipos: los híbridos, que se componen de partes de otros animales o seres humanos; aquellos que tienen su origen en metamorfosis, casi siempre provocadas por un castigo divino; y los que simplemente tienen cualidades corporales fuera de lo normal. La lucha contra ellos podemos encontrarla a lo largo de la historia, en culturas y civilizaciones diversas de todo el mundo.

El monstruo en la tradición clásica

En la antigua Grecia, los monstruos vivían en lugares apartados, en los que reina lo desconocido, exóticos, lejanos y de difícil acceso, y forman parte en la mayoría de las ocasiones de las grandes pruebas que los héroes tienen que superar. Los monstruos suponen una amenaza para las polis griegas, pues son lo diferente, lo extraño, y el héroe debe enfrentarse a ellos para restablecer el orden, el equilibrio.

Para mostrarnos esa diferencia, los monstruos griegos carecían a menudo de apariencia humana, presentándose como seres híbridos que combinaban partes de diferentes animales, o de hombre y animal (como el Minotauro). Era además muy frecuente que vinieran caracterizados por rasgos físicos como una larga cola o un cuello en forma de serpiente. 

Entre estos monstruos clásicos figuran: la hidra, la quimera, el Can Cerbero, Arpías, Sirenas, León de Nemea, el dragón de la Cólquide, la Medusa o la Esfinge, entre otros.

El monstruo en la tradición cristina. Su desarrollo en la Edad Media

La tradición cristiana no es ajena al tema que nos ocupa, y ya la misma Biblia aparece salpicada de un nutrido grupo de terribles criaturas y bestias míticas: Behemoth, las langostas de Abbadon, las bestias de Daniel, el Leviatán, etc.

Dando el salto a la Edad Media, apreciamos que para el hombre medieval los monstruos tuvieron un gran atractivo, tal y como podemos deducir por la importancia y difusión que tuvieron los bestiarios.  Suelen ser seres híbridos, mezcla de distintos animales que sí existían, pero de cuya mezcla surgen bestias imposibles que entran dentro de lo fantástico. Pero no sólo de híbridos se nutre el bestiario medieval, a la hora de construir los monstruos se seguían otros procedimientos como: eliminar algo esencial (la cabeza, los rasgos de la cara, algún miembro…), multiplicidad anómala de sus miembros, excesiva grandeza o pequeñez, mezclas con vegetales o minerales, seres andróginos, salvajismo, etc.

¿Qué significado se atribuye a estos seres?


Hay dos grandes teorías al respecto:
  • La de los iconografistas que defienden que no son más que simples motivos decorativos
  • La de quienes afirman que representan esotéricamente la vida religiosa o moral, revelando complejos psicológicos primitivos, en la línea de lo que establece Jung sobre el inconsciente colectivo.

En cualquier caso, lo que está claro es que las bestias medievales formaban parte de la labor catequizadora, destinada a instruir a través de las imágenes a una población analfabeta a la que había que inculcar los valores cristianos y el miedo al pecado, utilizando para ello la imaginería del infierno, que se representaba como la boca de un monstruo con las fauces abiertas y dentadas. Muchos críticos han visto en ello la influencia oriental, sobre todo en lo que se refiere a la escatología musulmana, y buscan las raíces de los monstruos cristianos en la antigua Mesopotamia.

No debemos olvidar tampoco que en la época se seguía también la concepción del feísmo, como parte de la teoría de la belleza artística: la estética de lo monstruoso, que a la vez seduce y repugna, tal como afirmaba el propio San Bernardo: «deformis formositas ac forma disformitas».

Siglos más tarde, los románticos recuperarán la figura del monstruo desde una nueva perspectiva. Los resucitan y reelaboran para convertirlos en patrones de rebeldía, amor y salvación (Frankenstein, La Bella y la Bestia, Cuasimodo), paralelamente al surgimiento de un nuevo patrón estético: la denominada estética de lo feo (con Baudelaire a la cabeza) y la importancia que va a cobrar el mundo interior frente al materialismo de lo externo.

Para saber más sobre el significado del monstruo para el ser humano, su desarrollo en otras culturas, y casos reales como la famosa Bestia de Gevaudan o el Chupacabras, pincha en este enlace: