domingo, 9 de marzo de 2014

El diluvio universal en la tradición griega

El mito del diluvio, de origen mesopotámico, viene recogido tanto en la Biblia como en la mitología greco-latina. Así, Jenofonte señala hasta cinco diluvios si no universales sí anegadores de una buena parte de la tierra conocida: El primero tuvo lugar durante el reinado de Ogiges, el segundo en tiempos de Hércules, el tercero en la época del segundo Ogiges, el cuarto es la historia de Deucalión y Pirra, y el quinto y último cuando la guerra de Troya, siendo este último conocido como “Faronio” o “Faraonio” porque sumergió una parte de Egipto.

A estos cinco cabría añadir otro más, conocido como “el diluvio dardanio”, que según algunas versiones es el tercero cronológicamente hablando, y según otras coincide con el de Deucalión. En cualquier caso, habría tenido lugar antes de la llegada de Dárdano a la Tróada y a la fundación de Dardania, antecesora de Troya.

a)      El diluvio de Ogiges

Tal como nos cuenta Vicenç Joaquín Bastús i Carrera, esta inundación tuvo lugar en Beocia en el año 1796 aC, 300 años antes que el de Deucalión (aunque no todos los críticos están de acuerdo con esta cronología. El anticuarista Varrón, por ejemplo, lo menciona como el punto de partida más antiguo para llegar a la historia de Roma, en el año 2366), y toma su nombre de un rey, el más antiguo de Ática, que gobernaba por aquel entonces. Al parecer, este diluvio no puede considerarse universal, pero sí habría sido de mayores dimensiones que el de Deucalión. Ogiges y algunos compañeros se salvaron de la catástrofe a bordo de un navío.

b)      El diluvio de Deucalión y Pirra

 La historia más conocida es, sin duda, la de Deucalión y Pirra, tratada por Píndaro y Apollodoro y recogida más tarde por Horacio y por Ovidio, en sus famosas “Metamorfosis”.

Al igual que en el diluvio bíblico, la causa de este fue también una venganza divina, en este caso de Zeus, el dios supremo del Olimpo, contra los hombres de la edad del bronce, hijos de Licaón, que se atrevieron a sacrificar a uno de sus hermanos y ofrecerle al mismo Zeus sus entrañas en un banquete, mezcladas con las de las cabras y las ovejas. Esto originó la ira del dios, que allí mismo los convirtió en lobos y decidió enviar una gran inundación para destruir a la humanidad.

Pero el dios Prometeo tuvo conocimiento de los propósitos de Zeus, y avisó a su hijo, Deucalión, recomendándole que construyera un arca y allí se pusiera a salvo junto a su esposa, Pirra, la hija de Epimeteo y Pandora. Se desencadenó entonces el diluvio que anegó toda Grecia excepto las cimas de algunos montes. Durante 9 días, el arca flotó sobre las aguas hasta que finalmente se posó sobre la cima del monte Olimpos, según algunos autores, en el Parnaso, según otros, o en el Etna según unos terceros (hay más versiones).

Coincide esta versión griega con la hebrea, a partir de aquí, en dos aspectos: en que Deucalión, al parecer, envió una paloma en vuelo exploratorio para detectar la bajada de las aguas, y en que cuando abandonaron esta efectuó sacrificios a Zeus. Fueron también al templo de Temis, donde oraron suplicando la renovación de la humanidad. La diosa escuchó sus plegarias, y a través del oráculo les envió el siguiente mensaje, recogido por Ovidio en “Metamorfosis”:

Alejaos del templo y cubrid la cabeza; desatad los vestidos ceñidos y arrojad tras la espalda los huesos de la gran madre”.

Tras meditar sobre el significado de estas palabras, dado que ambos eran huérfanos de madre, decidieron que se refería a las piedras que había a la orilla del río, y así lo hicieron: arrojaron estas tras de sí, y observaron cómo ellas se iban despojando de su rigidez y dureza y tomando forma humana. De las rocas arrojadas por Deucalión surgieron hombres, de las de Pirra mujeres. Y cuenta la leyenda que por eso los seres humanos somos un linaje duro que soporta las fatigas, demostrando con ello cuál es nuestro origen.


Pero, tal como cuenta Pausanias, no fueron solo Deucalión y Pirra quienes se salvaron del diluvio, y quizá este fue el motivo de que el castigo de Zeus sirviera para poco: Megaro, hijo de Zeus; Cerambo de Pellón, transformado en escarabajo por las ninfas; y los habitantes de Parnaso, a quienes despertó el aullido de los lobos. Estos últimos emigraron a la Arcadia, y allí hicieron lo mismo que antes del diluvio habían hecho los hijos de Licaón: las abominaciones antropófagas que habían provocado la ira del dios. 


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