Es la expresión que mejor define
el espectáculo que el Circo de los Horrores ofrece estos días en Madrid bajo el
título de Cabaret Maldito. Un espectáculo que se sustenta en una cuidada y
hermosa escenografía y unos cuantos números acrobáticos de considerable
dificultad que son lo único salvable de una función que parece concebida para
insultar la inteligencia del espectador.
Un humor burdo, soez, que se basa
en el insulto, en la desacreditación y en la humillación del espectador, al que
hacen participar en la representación de una manera, a mi modo de ver,
bochornosa (llegaron incluso a bajarle los calzoncillos a uno de los muchachos
que subieron al escenario y a llamarle gilipollas a otro).
Chistes fáciles al
más puro estilo “caca, culo, pedo, pis”, topicazos sobre el carácter de
españoles, argentinos o portugueses, consabidos gags sobre políticos (“esos
rojos perroflautas”) o fútbol (por supuesto, Christiano y Messi no podían
faltar en ellos) y arengas a los espectadores para convertirlos en “cabras, ya
que estamos en el pueblo”, son solo algunos ejemplos de esta feria de los
horrores (que hace honor a su nombre, eso sí, por lo horrible que resulta) en la
que el ingenio brilla por su ausencia. Decepcionante, pero eso sí: concebido
para hacer caja.
