viernes, 9 de noviembre de 2012

Inocencio VIII: El Papa que abrió la caza de brujas con su bula "SUMMIS DESIDERANTES AFFECTIBUS"



BIOGRAFÍA

Giovanni Battista Cibo, nacido en Génova en 1432, hijo de un senador romano y con muy buenas relaciones dentro de la Curia, inició su carrera eclesiástica al entrar al servicio del cardenal Calandrini. A los 35 años fue nombrado obispo y a los 41 cardenal. En agosto de 1484 lo eligieron papa, y ese cargo lo ocupó hasta su muerte en 1492.

La vida personal de éste Papa puede ser cuestionable, desde el punto de vista católico actual, ya que era viudo y, padre de ocho hijos reconocidos, dos de ellos extramatrimoniales: al hijo varón lo casó con   Magdalena de Médicis y lo instaló en el Vaticano. A la hija, la emparentó también por matrimonio con la familia del tesorero papal. Se dice también que su apoyo a la misión de Cristóbal  Colón pudo venir motivada por el hecho de que éste fuera también hijo bastardo suyo. Los rumores que apuntaban a que Inocencio tenía una legión de hijos de las más diferentes mujeres le valieron el chiste de ser llamado “Padre de Roma”.

Entre las grandes gestas de Inocencio VIII figuran su bendición a la coronación de Enrique VII, padre de Enrique VIII, su decreto contra los magos y las brujas que luego comentaremos, elegir a Tomás de Torquemada como Gran Inquisidor, conceder a Isabel y Fernando (reyes de Aragón y Castilla) el título de “Católicas Majestades”, canonizar a Catalina de Suecia y llamar a la Cruzada contra los Valdenses, exhortando a la masacre sin perdón (hay que tener en cuenta que fueron condenados por considerar la Biblia suma autoridad para un cristiano y por denunciar la inmoralidad del clero, oponiéndose duramente al dominio de los sacerdotes. En 1487 Inocencio VIII alentó su exterminio, lo que constituyó el primer golpe en la batalla contra la brujería).

Durante los últimos meses de su vida, vivió gracias a la leche que mamaba de una mujer. A principios de 1492, se sabe que padecía de insuficiencia renal crónica, que lo mantenía críticamente enfermo. Sus médicos habían agotado todas las terapéuticas de la época, basadas, sobre todo, en sangrías, encontrándose el paciente a las puertas de la muerte. En ese momento apareció en Roma un "médico judío", según unos o, “un místico", según otros, que ofreció una solución innovadora: cambiar la sangre del viejo Papa "por la de jóvenes plenos de vigor y salud".  De esta manera, se contrató a tres niños de 10 años, pagando a sus familias un ducado de oro a cada una, para extraerles la sangre y dársela de beber al pontífice. Los resultados de esta curiosa transfusión fueron catastróficos, pues tanto el Papa como los niños fallecieron.


SUMMIS DESIDERANTES AFFECTIBUS (Deseando con la más profunda ansiedad)

El papa Inocencio VIII va a ser una figura clave en la historia de la brujería, pues fue quien el 5 de diciembre de 1484 promulgó el documento que abrió la puerta a la persecución: la bula titulada Summis desiderantes affectibus.

Aquelarre de Francisco de Goya
En el año 906  se publicó el Canon Episcopi, un documento eclesiástico destinado a los obispos que contiene abundantes referencias sobre la brujería. Su nota más destacada consiste en negar la existencia de las brujas como realidades físicas efectivamente existentes, y considerar que se trata de imaginaciones impías. El hecho de creer en las brujas era considerado herejía en este documento, que incluía, además, muchos testimonios de mujeres poseídas por el diablo y los primeros testimonios de la existencia del shabath.(aquelarre). Esta tendencia racionalista se mantuvo hasta el siglo XIII y la aparición de la Inquisición.

En la bula de Inocencio VIII se invierten los términos que acabamos de ver, pasando a considerarse una herejía el no creer en las brujas. La bula derogó el Canon Episcopi, reconoció la existencia de las brujas y abrió el camino a la persecución indiscriminada de todo aquel sospecho de tener tratos con el diablo.

En ella, el Papa se lamenta de la falta de apoyo que sufren los dos inquisidores dominicos designados por él, Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, pues ni clérigos ni laicos estaban convencidos de que la brujería fuera un delito ni de que estuviera muy extendida por Alemania. A partir de su promulgación, todos tendrían que colaborar en las investigaciones inquisitoriales, so pena de que cayera sobre ellos “la ira de Dios todopoderoso”.

Basándose en este documento que incluyeron como prólogo, estos dos inquisidores publicaron en 1487 el famoso Malleus Maleficarum (Martillo de las brujas) libro que constituyó la autoridad suprema invocada en todos los procesos de brujería hasta mediados del siglo XVII. Tanto en los países católicos como más tarde en los protestantes, las brujas fueron perseguidas y condenadas hasta en el siglo XVIII, como consecuencia, directa e indirecta, de la Bula Summis desiderantes.


RESUMEN DE LA BULA

Inocencio, obispo, siervo de los siervos de dios, deseando con la más profunda ansiedad que aumente y florezca la Fe Católica en todas partes, y que sea expulsada de las tierras de los creyentes toda depravación herética, proclamamos los medios y métodos por los que puede cumplirse nuestro objetivo cristiano.

Ha llegado a nuestro conocimiento que en los últimos tiempos muchas personas han mantenido relaciones con demonios, íncubus y súcubos, y por medio de encantamientos, hechizos, conjuros y otras supersticiones malditas y terribles embrujos, monstruosidades y delitos, matan y destruyen, torturan y acosan, impiden que los hombres engendren y las mujeres conciban, reniegan blasfemamente de la Fe que recibieron con el Bautismo y no se privan de cometer las abominaciones y excesos más infames, poniendo en peligro su alma, con lo que ofenden a su Divina Majestad y son motivo de escándalo y peligroso ejemplo.
Vuelo de las brujas, de Vaud

Y aunque a nuestros amados hijos, Heinrich y Jacob, se les ha conferido en Cartas Apostólicas la tarea de inquisidores de estas depravaciones heréticas, no pocos clérigos y laicos no tienen reparo en asegurar pertinazmente que no se practican tales monstruosidades.

Por consiguiente, deseosos de eliminar cuantos obstáculos y cortapisas impidan la tarea de los inquisidores, así como de poner remedios consistentes para prevenir la enfermedad de la herejía y otras infamias que propagan su veneno para destruir las almas inocentes, en virtud de nuestra autoridad apostólicas, decretamos y ordenamos que se otorgue potestad a los mencionados inquisidores para proceder a la corrección, encarcelamiento y castigo de cualesquiera personas que hubieren cometido tales abominaciones y monstruosidades.

Y rogamos a nuestro hermano, el obispo de Estrasburgo, que anuncie nuestra bula y no permita que ninguna autoridad los moleste o ponga impedimentos, desobedeciendo estas cartas, amenazando a quienes lo hicieran con la excomunión, el interdicto y otros castigos, penas y censuras aún más terribles, si así lo considerare conveniente y sin derecho de apelación.

Que ningún hombre se oponga a esta declaración, y si alguno osare hacerlo, que sepa que sobre él caerá la ira de Dios todopoderoso y de los santos Apóstoles Pedro y Pablo.


8 comentarios:

  1. Execelentes aportes los de esta nota, me gustaría que le pusieras las referencias a la misma para conocer las fuentes en que te basaste.

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  2. Hola Elvis, muchas gracias por tu comentario. Sobre lo que me preguntas, te diré que para hacer el grueso del artículo me basé en la "Enciclopedia de la Brujería y Demonología" de Rosell Hope Robbins, publicada por la Editorial Debate. Un saludo!

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  3. ¡Cuánto falta saber de la historia para poder entender el presente!

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  4. La foto pertenece a Alejandro VI, no a Inocencio VIII

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    1. Tienes toda la razón Elías, fallo garrafal subsanado gracias a ti. Un saludo

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  5. excelente informacion! estuve buscando algo parcecido desde hace mucho tiempo! Gracias

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    1. Muchas gracias a ti por leerme y por tu comentario. Un saludo!

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  6. Excelente comentario , pero me gustaria conocer el verdadero motivo de la promulgacion de esa bula papal

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