lunes, 21 de enero de 2013

Contextualizar un texto


Contextualizar supone justificar a qué época, movimiento literario, y/o autor podemos adscribir un determinado texto literario. Es, en definitiva, una síntesis de los rasgos de estilo que habremos comentado previamente y la aplicación al texto de las características literarias generales del movimiento que habremos estudiado de una forma teórica. Para realizar esta contextualización, nos basaremos en aspectos como:

  • Su temática, explicando si es significativa de un autor o movimiento concreto.
  • Sus características métricas: por ejemplo, el uso de la cuaderna vía nos permitiría adscribir un texto al Mester de Clerecía, dentro de la literatura medieval.
  • Su lenguaje: si es más o menos recargado, si contiene elementos simbólicos, si utiliza términos característicos de un determinado autor, etc.
  • Las figuras literarias utilizadas, si es que son propias de un autor o escuela literaria concreta.

Veamos cómo desarrollar estos aspectos con los siguientes ejemplos:

1. Contextualización del poema Saeta que voladora… de Gustavo Adolfo Bécquer

La identificación del yo lírico con una naturaleza tempestuosa y la atmósfera melancólica que se crea a través del léxico, la forma métrica empleada (romance estrófico), y los recursos literarios enumerados (figuras de repetición, metáforas e hipérbaton) permiten encuadrar el poema en el Romanticismo, movimiento literario de la primera mitad del siglo XIX. Por su temática (la angustia existencial), la utilización simbólica de elementos marinos,  su ritmo, suave y melódico, sus leves asonancias , su intimismo y la concentración temática que se produce al final del poema, podemos afirmar, además, que el texto pertenece a las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer.

2. Contextualización del cuento El rey burgués, de Rubén Darío 

Nos encontramos ante un texto típicamente modernista, tanto por lo que se refiere a su contenido como por lo relativo a su forma, en el que puede apreciarse también la herencia romántica recogida a través de tres elementos:

En primer lugar¸ por la proyección en una naturaleza salvaje e infinita, alejada del mundo urbano, donde el poeta es capaz de captar la verdadera belleza y trasladarla a su creación. En segundo lugar, por la oposición entre el burgués (apegado a lo material y carente de gusto estético) y el artista (que se mueve sólo por la belleza y el sentimiento y se convierte en un auténtico dios creador capaz de generar una verdadera revolución estética). En tercer lugar, por la fusión de contrarios presente en todo el texto, en el que se conjugan el cielo y el océano, la carne y el alma, el ángel y el semidiós, lo sagrado (Mesías) con lo profano (Apolo), y en el que se tiende hacia ese infinito cosmos donde se encuentra el verdadero arte convertido en luz, convertido en astro.

El mencionado lenguaje sensorial, la musicalidad que lo recorre de principio a fin, las referencias culturales, la evasión hacia un pasado mítico en el que tiene cabida la mitología grecolatina, el lujo del léxico empleado y la idea de la revolución estética que vendrá de manos de los poetas y que constituye el tema central del texto nos permiten encuadrarlo dentro de las corrientes artísticas de finales del siglo XIX, concretamente, como ya apuntábamos anteriormente, dentro del movimiento Modernista, si bien esa preocupación por la poesía y por la búsqueda de su esencia estética es característica, además, del Parnasianismo y el Simbolismo franceses, de los que aquel toma muchas de sus características.

1 comentario:

  1. Arthmael de Silfos10 de mayo de 2016, 21:01

    Muchas gracias por la entrada, me ha ayudado mucho a contextualizar correctamente el poema "Mal ensomni" de Teodoro Llorente.

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